Cargolins · de 0 a 1 año
Suelo, espejo, brazos y ritmos propios de sueño y alimentación.
Ver la etapa de bebésEntre el primer año y el segundo pasa casi todo. Un niño entra en Ratolins gateando y sale de aquí caminando, señalando, diciendo palabras y queriendo hacerlo solo. El aula está montada para acompañar exactamente ese salto.
Si has tenido un niño de un año en casa, ya lo sabes: vacía el cajón, saca los tuppers, mete una cosa dentro de otra, la vuelve a sacar y repite treinta veces. No está haciendo el tonto. Está entendiendo el volumen, el peso, la causa y el efecto, y de paso está ajustando la mano.
En vez de pelearnos con eso, lo ponemos en el centro del aula. Los trasvases son una de las propuestas principales de Ratolins: recipientes de distintos tamaños, cucharas, arroz, gelatina, texturas que no se parecen entre sí. Pasar de un bote a otro, derramar, volver a empezar.
Es psicomotricidad fina antes de que nadie la llame así: trabajo de pinza, coordinación de manos y dedos y atención sostenida. Y es sensorial. Frío, áspero, blando, pegajoso.
En la pared de Ratolins hay un cartel con la rutina del aula en imágenes: la asamblea, la fruta, el patio, la propuesta, la comida, la siesta. Está a su altura y se señala en voz alta cada día, en el mismo orden.
Sirve para algo muy concreto. A esta edad, saber lo que viene después quita miedo y quita rabietas. El niño no depende de que un adulto le avise: mira el cartel, reconoce el dibujo y anticipa.
En Ratolins se come en mesas y sillas adaptadas a su tamaño, con los pies apoyados. No usamos tronas con los niños que ya pueden sentarse solos.
No es una decisión estética. Comer en mesa significa participar del momento de la comida: ver el plato, coger la cuchara, mirar a los demás. Desde pequeños aprenden a comer sentados, y para cuando pasan a la siguiente aula ya es lo normal. La comida se prepara esa misma mañana en nuestra cocina, con menú de una profesional de la nutrición.
El día que un niño se pone de pie, su mundo cambia de altura. Alcanza lo que antes no alcanzaba y decide solo dónde quiere estar. El aula se reorganiza con ellos: material a otra altura, más superficie libre, propuestas que se pueden hacer de pie.
Y aparece la otra parte de caminar, que es querer hacerlo todo solo. Quitarse el babero, llevar su vaso, ponerse el zapato. Tarda más y sale peor. Se deja hacer igual.
Por eso Ratolins sale del aula. El grupo de 1 a 2 años hace sus sesiones de psicomotricidad en el aula multifuncional, que es el espacio más amplio del centro: suelo despejado, colchonetas y módulos con los que subir, bajar, meterse dentro y volver a salir. Un niño que acaba de descubrir que puede correr necesita sitio para correr, y su aula no le basta.
A esta edad un niño necesita que alguien se dé cuenta de que hoy ha dormido mal, de que hoy no quiere el arroz y de que hoy ha dado tres pasos seguidos por primera vez. Son cosas que no se piden: se ven. Y verlas depende de cuántos niños tiene delante la educadora, por eso los grupos de Meraki se montan pequeños.
Los grupos se rehacen cada septiembre según las edades de los niños que empiezan el curso. Cuando el de los más pequeños es reducido, los niños más pequeños de esta etapa pasan la jornada con ellos, para que la diferencia de edad dentro de esa aula sea la mínima: un grupo así se monta con menos niños todavía, porque mezclar dos edades obliga a reducirlo.
Cuántos niños hay en cada grupo este curso está en la página de admisiones, que es la que actualizamos cada septiembre.
Los trasvases consisten en pasar material de un recipiente a otro —arroz, gelatina, agua, objetos pequeños— con las manos, con cucharas o con botes de distintos tamaños. Sirven para trabajar la pinza y la coordinación de manos y dedos, para entender volumen y cantidad, y para explorar texturas. Es una de las propuestas centrales del aula de 1 a 2 años.
No. En Meraki no usamos tronas con los niños que ya se sientan solos: comen en mesas y sillas adaptadas a su tamaño. Desde pequeños aprenden a comer sentados y a participar del momento de la comida.
Salen al patio antes de hacer la propuesta educativa, dentro de la franja de 10:00 a 12:00. Los grupos pequeños salen primero y los mayores hacen antes la actividad, para que no coincidan todos en el patio y para respetar el ritmo de cada edad.
Por el cartel de rutina que hay en la pared del aula, con la secuencia del día en imágenes y a su altura. Se señala en voz alta cada día en el mismo orden, así que el niño reconoce el dibujo y anticipa lo que viene sin depender de que un adulto se lo diga.
Las plazas del grupo de 1 a 2 años se fijan cada septiembre, con las edades de los niños que empiezan el curso, y el número de este curso está publicado y actualizado en la página de admisiones de Meraki. Es un grupo pequeño a propósito: a esta edad hace falta que alguien se dé cuenta de que hoy ha dormido mal o de que hoy ha dado tres pasos seguidos, y eso se pierde en un grupo grande. Cuando el grupo de los más pequeños es reducido, además, los niños más pequeños de esta etapa pasan la jornada con ellos, para que la diferencia de edad dentro de esa aula sea la mínima.
Suelo, espejo, brazos y ritmos propios de sueño y alimentación.
Ver la etapa de bebésLenguaje, juego simbólico y preparación para el colegio.
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